De niña Disney a artista global, Miley Cyrus ha convertido su imagen en una declaración de intenciones: cada corte de pelo, tatuaje y cambio de vestuario han narrado su evolución personal y artística.
Con la publicación de su nuevo álbum, ‘Something Beautiful’, repasamos las claves de un estilo que nunca Miley Cyrus ha pedido permiso.
Desde su irrupción en la cultura pop como rostro de Disney hasta su consolidación como artista camaleónica y dueña de una estética personal y provocadora, Cyrus ha usado la moda como lenguaje para reafirmar su autonomía y expresar sus múltiples transformaciones.
Ahora, con el lanzamiento de un nuevo disco que refuerza su madurez musical y estética, su estilo vuelve a estar en el centro del debate cultural. Este es un recorrido por sus claves visuales, simbólicas y narrativas.
Primeros años: la estética de la chica buena

La imagen pública de Miley Cyrus comenzó a moldearse cuando apenas era una adolescente. Su papel como Hannah Montana —en la serie homónima de Disney Channel estrenada en 2006— la situó como ídolo juvenil global.
A nivel estético, este primer periodo estuvo definido por una mezcla de estilismos brillantes, vestidos vaporosos, botas cowboy y chaquetas de lentejuelas que respondían tanto al personaje que interpretaba como a su educación sureña.
Fuera de la pantalla, en sus apariciones públicas, predominaban los vaqueros ajustados, camisetas con mensajes, chalecos de piel sintética y botines. Un estilo adolescente, aún marcado por los códigos del canal Disney, pero que dejaba entrever una personalidad inquieta que no tardaría en alejarse del molde.
Ruptura de imagen: de ídolo juvenil a provocadora pop

La transición de Cyrus de estrella infantil a artista adulta no fue sutil. A partir de 2010, y especialmente con la publicación del álbum `Bangerz´, en 2013, la cantante emprendió un giro radical que también se tradujo en su indumentaria.
La actuación en los MTV Video Music Awards de ese mismo año, con un body nude de látex y una coreografía sugerente, selló definitivamente su ruptura con la inocencia impuesta. Su armario empezó a llenarse de prendas atrevidas, cortes extremos, referencias al punk y la cultura urbana, y guiños constantes al “kitsch” y la ironía.
Fue una etapa marcada por la exploración, la exageración y la voluntad explícita de incomodar a los sectores más conservadores de la industria. En paralelo, Miley se convirtió en un referente de libertad estética y corporal para toda una generación.
La estética country como raíz constante.
Pese a sus múltiples cambios de registro, hay un elemento que ha acompañado a Cyrus desde el inicio: su vinculación con la estética country. Criada en Nashville, hija del cantante Billy Ray Cyrus, Miley ha reivindicado sus raíces musicales y culturales en distintos momentos de su carrera.
En el plano estético, esto se ha traducido en el uso recurrente de botas tejanas, camisas de cuadros, flecos, tejidos denim y sombreros de ala ancha. Durante su era Younger Now (2017), esta conexión fue especialmente visible: la artista combinaba trajes inspirados en el western con maquillaje natural, cinturones grandes y vestidos florales.

Más allá del cliché, su visión del country ha sido revisada con un enfoque contemporáneo y, en ocasiones, feminista. Miley ha transformado la simbología sureña en un gesto de empoderamiento y reapropiación.
El pelo como declaración de intenciones.
Si hay algo que ha funcionado como termómetro de sus etapas creativas y emocionales, ese ha sido su pelo. Durante sus años Disney, lucía una melena larga, castaña y ligeramente ondulada. Con la llegada de la era Bangerz, sorprendió con un corte “pixie” platinado, símbolo de ruptura y renacimiento.
En los años siguientes, Cyrus experimentó con todo tipo de longitudes, texturas y colores: cortes mullet, raíces oscuras, rubios oxigenados, peinados retro… Cada peinado hablaba por ella, funcionaba como una extensión de su discurso.
Recientemente, con la estética inspirada en los años setenta que acompañó a su disco `Plastic Hearts (2020), rescató el ´”mullet” en versión “glam rock”, reafirmando su capacidad para combinar nostalgia y vanguardia. En su último álbum, vuelve a apostar por el rubio platino, pero con un aire más sofisticado y contenido.
Mini tatuajes: el cuerpo como diario íntimo.
Otro elemento identitario del estilo de Miley Cyrus son sus tatuajes. Aunque la artista ha lucido más de 70 a lo largo de los años —algunos de ellos eliminados o cubiertos—, destaca la elección de diseños de pequeño tamaño, con significados personales y a menudo ligados a momentos vitales.
Entre los más reconocibles se encuentran el corazón en el dedo meñique, el retrato de su abuela, la palabra “love” en el interior de la oreja o un planeta Saturno. También ha tatuado frases, símbolos y referencias artísticas que hablan de su universo personal y emocional.
Estos pequeños tatuajes, dispersos por su cuerpo, funcionan como huellas biográficas: discretos pero elocuentes, íntimos pero compartidos con millones de seguidores. Conforman una estética corporal coherente con su estilo general: fragmentaria, cambiante y auténtica.
Estilo actual: sofisticación con identidad.
En su etapa más reciente, Miley ha adoptado una estética que podríamos definir como sofisticada pero nunca neutra. En sus apariciones públicas —desde alfombras rojas hasta videoclips— se decanta por vestidos de corte estructurado, tejidos nobles y combinaciones monocromáticas, pero sin perder el toque transgresor.
Su colaboración con diseñadores como Anthony Vaccarello (Saint Laurent), Alessandro Michele (Gucci) o John Galliano (Maison Margiela) ha consolidado una imagen en la que conviven la teatralidad y la elegancia. Cyrus ha aprendido a utilizar la moda como herramienta narrativa, no como disfraz, y eso le permite habitar múltiples estéticas sin perder cohesión.
En el plano cotidiano, su estilo es más relajado, pero igualmente cargado de intención: camisetas de grupos, pantalones vintage, botas de plataforma, gafas oscuras y chaquetas de cuero. Una versión adulta y depurada de la rebelión que marcó sus veintitantos.
Miley Cyrus, ícono de autenticidad.
Lo que distingue a Miley Cyrus no es solo su música ni su capacidad para adaptarse a los tiempos, sino la forma en la que ha hecho del estilo una declaración política y emocional. Su vestuario, sus peinados, sus tatuajes y sus cambios estéticos no han sido caprichosos, sino expresiones conscientes de un proceso de madurez.
Frente a la rigidez de otras figuras del pop, Cyrus ha demostrado que se puede ser femenina sin ser complaciente, provocadora sin perder profundidad, estilizada sin dejar de ser genuina. Su estilo no es un molde; es una herramienta de libertad.
Con su nuevo disco, la artista abre una etapa en la que, lejos de los extremos visuales de sus años más jóvenes, apuesta por un equilibrio entre lo clásico y lo irreverente, lo pulido y lo emocional. En el fondo, la mejor definición de su estilo es también la más difícil de copiar: el de quien se viste desde la honestidad.
Por MARÍA MUÑOZ RIVERA
Fuente: EFE