La visa “tarjeta dorada” de Trump de $1 millón ya es una realidad y así funciona

La visa dorada de Trump de $1 millón de dólares ya está vigente. Te decimos precios, ventajas, requisitos y cómo se diferencia de visas como la EB-5

La apertura del programa de visa dorada impulsado por Donald Trump marca un giro novedoso en la política migratoria estadounidense. Este esquema coloca sobre la mesa una alternativa acelerada para quienes puedan aportar grandes sumas al gobierno federal, al tiempo que promete una ruta clara hacia la residencia permanente. La iniciativa ya está activa y recibe solicitudes a través de una plataforma oficial.

Lo que distingue a esta propuesta es su enfoque directo. El solicitante individual debe cubrir una cuota administrativa de $15,000 dólares, someterse a una revisión exhaustiva y, una vez aprobado, entregar un aporte de $1 millón de dólares al gobierno de Estados Unidos. Con ello accede a una vía rápida hacia una visa de tipo EB-1 o EB-2, orientadas a trabajadores altamente calificados. El proceso, según el gobierno, puede resolverse en cuestión de semanas y no en meses o años como ocurre con las green cards tradicionales.

Las compañías también pueden participar en este esquema. El programa contempla “gold cards” (tarjetas doradas) corporativas por $2 millones de dólares, válidas para un solo empleado nacido en el extranjero. Además, las empresas deben cubrir un 1% de mantenimiento anual y un 5% si desean transferir la visa a otro trabajador. Esta posibilidad cobra relevancia cuando un empleado ascendido, reubicado o convertido en ciudadano libera la tarjeta para otro integrante de la organización.

El gobierno también contempla una alternativa superior, se trata de la Platinum Card (tarjeta platino), valorada en $5 millones de dólares, que permite a su titular permanecer hasta 270 días en el país sin obligación de pagar impuestos federales sobre ingresos generados fuera de Estados Unidos. Este beneficio fiscal es uno de los elementos más llamativos para inversionistas globales.

En el fondo, la iniciativa pretende reemplazar al programa EB-5, que durante décadas buscó atraer inversión extranjera a través de la creación de empresas con al menos 10 empleados. Sin embargo, el EB-5 se volvió lento, costoso y vulnerable a fraudes, con tiempos de espera que pueden rozar los seis años. La tarjeta dorada prescinde por completo del requisito de generar empleos o invertir en proyectos, lo que la convierte en una opción más simple y rápida para quienes solo desean asegurar una ruta hacia la residencia.

El gobierno ha presentado el programa como un mecanismo para retener talento formado en universidades de élite y captar profesionales que tradicionalmente enfrentan trabas migratorias tras graduarse. Trump ha reiterado que la iniciativa busca evitar la fuga de cerebros y convertir a Estados Unidos en el destino definitivo para innovadores, ingenieros y emprendedores globales.

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Respecto a la posibilidad de obtener ciudadanía, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, afirmó que los solicitantes “tienen un camino hacia la ciudadanía” una vez que cumplan cinco años como residentes legales, tal como ocurre con quienes poseen una green card convencional.

Diversos sectores han cuestionado que se impulse una vía de entrada privilegiada al mismo tiempo que se endurecen medidas contra inmigrantes indocumentados con menos recursos.

Aun así, analistas financieros consideran plausible que la visa dorada genere ingresos significativos para el gobierno. Proyecciones indican que, si se emiten unas 10,000 visas al año a un costo de $1 millón de dólares cada una, la recaudación podría alcanzar decenas de miles de millones de dólares en una década.

Parecería que una visa de tarjeta dorada o platino estará alejada para muchos migrantes, sin embargo, tal como sucede en la perspectiva capitalista: si se crea, es porque hay mercado. La mayoría de nuestros compatriotas no podrán acceder a estas alternativas, es un hecho, eso no significa que el gobierno no vaya a generar ingresos por estas solicitudes.

Por Samuel González

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